domingo, 2 de octubre de 2011

Tabuchi, o el enigma.

       Antonio Tabuchi pareciera decir en sus obras que quien sigue a otro no sigue a nadie. Por eso las cosas fuera de lugar, lo inesperado, el azar, el riesgo, los viajes, los encuentros imprevistos, el dolor del otro y el tiempo, son atracciones irresistibles que propician los vacíos de los cuales los personajes deben salir para ir en busca de su propio reencuentro.

       Tabuchi pone sus personajes fuera de sí, los sube al escenario para vigilarlos, para conocer sus errores y hacerlos olvidar el abismo que sienten dentro de sí y obligarlos a una nueva búsqueda. Es así como sucede el desconcierto, las aventuras existenciales, los viajes irónicos y desesperados, donde el enigma irrumpe y no alcanza a dilucidar los límites con el azar; no dejando al autor más camino que el seguimiento de unas pesquisas que sólo intentan descifrar los lindes de otra aparición, la llegada de un personaje excéntrico o fracasado, para mantener la aventura existencial y resanar las fisuras que tratan de desmoronar la vida humana.

       Éstos personajes excéntricos se hablan a sí mismos( recordemos que Antonio Tabuchi es considerado uno de los mejores especialistas y traductores de Fernando Pessoa). Ellos evocan y piensan en el otro como una continuación o un regreso de ese viaje que el tiempo indecible y extraño ha propiciado. Esta evocación la siente Amelia en el cuento Las habitaciones. Ella cuando recuerda siente el vacío, se hace otra mientras vuelve a casa, pero son los recuerdos de las cosas, las disposiciones de éstas dentro de la habitación y los dolores de su hermano Guido, en su lecho de enfermo, los que la sensibilizan y la hacen recobrar sus sentimientos. Amelia por unos instantes desea lo peor para su hermano Guido artista consagrado, pero la condición del SER humano aflora y el sentimiento de intolerancia se transforma en compasión, compasión motivada por el dolor del otro su hermano quien ha sufrido una desgracia. Es en este diálogo consigo mismo donde el autor pone en juego la realidad de sus personajes. A éstos pareciera que no les quedara otro camino distinto a procurar el reencuentro, el seguimiento de unas pesquisas que no son otra cosa que leves pruebas propiciadoras de pequeños equívocos causantes de turbación, equívocos que a la vez suscitan en ellos reflexiones, necesidad de trascendencia, búsqueda que deja en segundo plano el esclarecimiento del enigma y nos confirma que el mejor viaje es aquel que realizamos a través de nosotros mismos.

       La fascinación que Antonio Tabuchi siente por las voces heterónimas de Fernando Pessoa (Lisboa, 18881935) se ve reflejada en sus obras. Los rasgos psicoanalíticos del doble los podemos ver en el cuento Los trenes que van a Madrás, y en la novela Nocturno Hindú. En Nocturno Hindú Tabuchi nos enseña que no hay viaje más fascinante e inesperado que el realizado a través de nosotros mismos, que no hay necesidad de seguir las huellas de nadie para hallar nuestra propia sombra deambulando en el pasado, quizá porque cometimos un pequeño error entramos en el vacío o porque la única forma de reconocernos es desde el lado oscuro que cada uno nosotros posee. En el cuento Los trenes que van a Madrás, el señor Peter habla a su compañero de viaje el doble de Tabuchi de la cultura dravítica, del círculo de renovación vital, de la imagen de Shiva, y de la manera como los espacios vacíos dejados en el círculo deben ser llenados por la imaginación de quienes lo contemplaban. En esta parte del diálogo los viajeros se observan y parecen decirse que llevan un destino similar. El señor Peter es descubierto en mentira por su compañero y para aquél el círculo se cierra sin  lograr la comunicación que ambos habían planeado para contarse la opinión sobre lo inesperado que resultó el encuentro.

       Mi descubrimiento de la obra de Antonio Tabuchi sucedió a comienzos de la década del ochenta. La mañana en que leí en un suplemento dominical el cuento Las habitaciones, sentí la atmósfera de mi cuento Los cuadros, un texto que yo había escrito meses antes. El descubrimiento se hizo más significativo cuando, atraído por su prosa enigmática, leí su novela Nocturno Hindú. Me imaginé que él y yo estábamos escribiendo obras paralelas, tanto en el tiempo como en ciertos rasgos temáticos; eso sí, con la enorme diferencia de la madurez y maestría del escritor Italiano. Tabuchi fascina con su lenguaje creativo y con el conocimiento que un escritor alcanza a tener de sí mismo. Pero uno de los mayores méritos de sus obras es que éstas no pretenden saciarnos de una vez por todas, sino dejarnos con apetito para que volvamos a sus páginas y nos asombremos al recuperar  caminos que temíamos haber perdido, y podamos reiniciar nuestra búsqueda con mayor confianza.

       La lectura de Nocturno Hindú y la escritura de mi novela Dios no es el asesino ésta propiciadora de abismos, donde los personajes al menor descuido pierden su historia personal y deben recomenzar la búsqueda─,  me hicieron comprender aún más la grandeza de la literatura, los hallazgos que las obras literarias revelan, puertas que sólo pueden abrirse cuando entramos en comunión con el autor e intentamos llenar los vacíos dejados en sus historias, donde la chispa del asombro siempre indicará el camino secreto que nos brinda el arte, misterios que no cesarán de manifestarse hasta el hallazgo de la contemplación. Este asombro siempre sucederá cuando tengamos frente a nuestros ojos una obra de Antonio Tabuchi, escritor que, junto a Gesualdo Bufalino, renovó el panorama literario Italiano.


       Otras obras de Antonio Tabuchi( Vecchiano,1943): Dama de Porto Pim, El juego del revés, Pequeños equívocos sin importancia, La línea del horizonte, Los volátiles del Beato Angélico, El Ángel negro, Réquiem, Sostiene Pereira, Sueños de sueños, Los tres últimos días de Fernando Pessoa, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro y Piazza D´Italia.

Fin

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