domingo, 2 de diciembre de 2018

Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio


1001
La verdad siempre da la posibilidad de hallar la luz después de las sombras.

1002
Si la puerta que se cierra motiva a empujar otra más grande y pesada es porque el éxito está cerca.

1003
La soledad es el punto donde nacen todos los sonidos, es allí donde cada poeta elige el suyo.

1004
La menor sombra de duda ensombrece el honor y muchas sombras dudosas deben pasar por encima de él para que se brille la gloria.

1005
Con la sabiduría ocurre como con los buenos vientos, apenas nos damos cuenta cuando pasan y los sentimos lejos.

1006
Ser consciente de lo que se ES nos permite pensar en lo que podemos llegar a SER.

1007
Si el que va delante se convierte en lumbre para quien lo sigue, nunca faltará la luz en el resto del camino.

1008
Mientras más guacharacas parloteen en las ramas más excremento cubrirá las raíces del árbol.

1009
La palabra cuando se lanza en cualquier parte puede convertirse en dinamita. Si la siembras el jardín se llena de colores y fragancias.

1010
Intentar recuperar el tiempo perdido es como querer recomponer el vuelo de una cometa a la que se le ha reventado el hilo.

1011
A quien aun no conoce sus límites ningún objetivo se le debe hacer inconquistable.

1012
Es insondable el abismo que el ser humano cava cuando hace de los otros peldaños para ganar altura.

1013
No saber retirarse a tiempo es preferir el claroscuro pasajero de la fama a las perennes luces que en la noche guarda la gloria.

1014
El cultivo de la palabra es el brillo que más fácil ven los que nos rodean.

1015
Lo más asombroso del recuerdo es la manera insoslayable como en éste se refugia el tiempo.

1016
Se necesita del arte para ver en el camino las luces que han dejado quienes ya trajinaron las tinieblas.

1017
Cuando se pierde el espíritu de la justicia cada hombre pone límites a los derechos del otro.

1018
Se viaja más solo cuando nadie da noticias de aquél a quien buscamos.

1019
El honor es esa rama que flota en aguas torrentosas: liviana para quienes olvidan la profundidad de la corriente y distante para quienes ignoran su destino.

1020
Nada refleja con más nitidez el conformismo que la superficie de un lago cristalino y profundo.

1021
Si en la vida te elevas como las cometas cuando lleguen los vientos fuertes ya habrás aprendido a soltar o recoger el hilo para evadir las tormentas.
  
1022
Vive la vida como el río que no deja de correr, aunque al final de la extensa llanura las montañas se levanten amenazadoras.

1023
Cuando se conocen los poderes que rodean y protegen la familia, los límites, por infinitos que parezcan, los cubre un abrazo.

1024
Si no se alcanza lo que se quiere debe quererse más lo que se tiene.

1025
La libertad, la mayoría de las veces, es un viaje por tierras desconocidas cuyos caminos esconden horizontes insospechados.

1026
Sé como las sombras que no temen a los precipicios ni al peso de las rocas.

1027
Los adioses más sentidos son aquellos que se reciben después de darnos cuenta de lo largo que va a ser el viaje.

1028
Abrir lo ojos y entender que el universo está en tu mente amerita una sonrisa.

1029 
Cuando se presta mayor importancia al mañana se llega a él con la oscuridad del ayer.

1030
Quien vive detrás de una máscara jamás sentirá su sonrisa.

1031
Un final de vida óptimo es aquel donde los recuerdos te animan a comenzar de nuevo.

1032
De cierta manera la sabiduría se asemeja a la luz que retrocede ante el acoso de las sombras.

1033
Ningún secreto merece ser más revelado que aquel que no supiste guardar para ti mismo.

1034
Recuerda que la corriente cuando se atropella se convierte en burbujas.

1035
Que la primera curva del camino no precipite su fin.

1036
Quien desperdicia el presente para vagar en el futuro nunca tendrá historia.

1037
El límite más distante de tu libertad lo marca la conciencia que tengas de ti mismo.

1038
Las raíces de las plantas se prolongan de acuerdo a su altura y los vientos que deben soportar.

1039
El buen maestro es aquel que ve en el estudiante el espejo que mejor puede interrogarlo.

1040
La mayor prisión de la libertad es la conciencia. La libertad del pájaro en su jaula se incrementa con no olvidar su vuelo.

1041
Quien hace todo a su debido tiempo no tiene porqué vivir afanes. Cuando así se vive hasta la muerte espera.

1042
En un día de ires y venires, de torpezas y aciertos, el instante que miré el firmamento nocturno me llevó a concluir que el universo es conciencia.

1043
Es la indiferencia de la mayoría de las personas que conocen el bien la que magnifica el leve poder del mal.

1044
Quien cuida la belleza mantiene luces perennes en su corazón.
  
1045
Cuando hagas de la palabra un mundo tendrás abiertas las puertas de la imaginación para vagar por el universo.

1046
Sé ese río imperturbable que busca el océano y no la montaña que amenaza con obstruir su cauce.

1047
La humildad, como el agua que siempre busca el llano, es la única llave que abre puertas en todas las alturas.

1048
Haz del camino una página en blanco cuando se tiene la imaginación y la palabra.

1049
Quien ve en el otro su propio espejo tiene en frente suyo el mejor retrovisor del mundo.

1050
El hombre que busca luces perdidas en el futuro es quien más fácil descubre los destellos del pasado.

jueves, 30 de agosto de 2018

Eterna lucha


Los dioses del bien y del mal, al no poder dirimir la disputa por el dominio universal, decidieron buscar un aliado y crearon al hombre. Pusieron en él lo mejor de cada uno de ellos. Le entregaron la tierra como albergue y por siglos se olvidaron de él y su descendencia; entendieron que era demasiado el trabajo que debería realizar si quería hacerla vivible y sacarle el mayor provecho.
Creado el hombre la lucha cruel y decidida no se detenía. El cielo parecía ser el sitio perfecto para lo que los dioses pretendían: no perder el trono. Pero allí no iba a haber un ganador absoluto. Pensaron que la disputa sólo podría resolverla un actor externo y se acordaron que en la tierra tenían unos aliados; los hombres, y fueron en su busca. Los encontraron labrando la tierra, cuidando los rebaños y rindiendo culto a los astros celestes, y a la lluvia, porque éstos le ayudaban a subsistir. Los dioses se olvidaron de su disputa, los recriminaron y exigieron obediencia. Los hombres reunidos se miraban asombrados. Observaban el sol invariable en las alturas y recordaron que éste, la luna y las estrellas, nada habían exigido a cambio de los beneficios que les daban. En medio del asombro dieron la espalda a los dioses y volvieron a las actividades del campo y por muchos años se olvidaron de sus creadores, pensaban que con su mente y sus manos habían transformado el planeta, habían construido sus viviendas; mientras que aquellos nunca hicieron presencia en sus labores diarias ni ante sus calamidades. Se decían que un dios no podía estar alejado de lo que había creado y que en cambio el sol y los demás astros todos los días los protegían. Estos comentarios indignaron a los dioses y una tarde después de un eclipse total de sol, regresaron. De nuevo reclamaron obediencia, dijeron a los hombres que todo cuanto estaba en el universo les pertenecía, y que eran capaces de apagar la luz del astro rey, y de la luna, como hacía poco había sucedido. "Somos capaces de desatar tormentas, diluvios y hacer incontrolable la furia de las aguas", gritaron a los hombres reunidos a campo abierto. Éstos se miraban como temiendo perder la luz de sus ojos para siempre. Luego de un largo silencio pidieron una tregua, un tiempo para reflexionar, pero los dioses contestaron que entre ellos había pactada una tregua y justo ésta comenzó la tarde del eclipse. Los hombres dieron de nuevo la espalda y regresaron a sus casas como lo indicaba el paso vigilante de la luna. Los dioses respetaron su pacto de no beligerancia y acordaron castigaron la desobediencia. Los rayos solares se hicieron más insoportables, se extinguieron las nieves perpetuas y el mundo se anegó. En las tierras fértiles ecuatoriales la lluvia no cesó y los hombres murieron.
El día en que los dioses, ya en la tierra, volvieron a medir fuerzas comprobaron que su lucha siempre sería estéril y, para no darse por vencidos, crearon de nuevo al hombre, esta vez con mayores limitaciones, para tener en quien esconder las desgracias y ver en los labios, y en los ojos, otros lados desconocidos de la tristeza.


Autor: René Jaramillo Valdés