martes, 27 de diciembre de 2011

Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio.

101
Cuando no se toman decisiones acertadas al paso del transeúnte acude la incertidumbre; morada de quienes se alimentan de discordias.
102
Las palabras son aves silvestres que estando en tu interior adornan y se hacen música, pero liberadas toman direcciones insospechadas.
103
A la verdad se le pueden anteponer oscuridades y túneles sin salida, aún así es la única que no cesará en la búsqueda de la luz.
104
La llama de la libertad cuando se lleva en el alma ni el más fuerte de los huracanes podrá extinguirla.
105
Vivir en las grandes ciudades es, en la mayoría de las veces, exponernos a que la vida nos mantenga en constante exilio.
106
Lo que lleva menos ruido se hace más arrasador, porque siempre pone a su favor el miedo que el asombro guarda para quienes lo han olvidado.
107
El perdón sincero, como el sol de mediodía, no permite que las sombras del odio se propaguen.
108
A quien olvida sus ancestros le ocurre lo que a la manada que deja atrás a las elefantas viejas: vuelve por ellas para proveerse de agua.
109
La derrota deja al ser humano a nivel del piso. El triunfo lo hace flotar con cualquier viento. Mantenerse en vuelo es sostener el éxito.
110
Una de las características de la vida es que está llena de carencias. Son éstas las que animan a buscar el sentido inefable de su misterio.
111
Quien se lanza al río solo con la intención de cruzarlo y no para conocer la fuerza de su corriente, el fondo del cauce seguirá a su acecho.
112
El maestro que logre que el estudiante descubra la energía de su interior y su cerebro, le habrá puesto más cerca los límites del universo.
113
Pensar en lo más lejano es, a la vez, poner todo más cerca.
114
El corazón es un atleta solitario, que desconoce el punto de llegada.
115
Si se mira con el corazón, lo invisible se hace visible. Si se llora de corazón, nuestras lágrimas no las secan ni los más cálidos vientos.
116
Cuando no hay fe en lo que se hace, la mirada se pierde en el horizonte y no percibimos las oportunidades que giran en torno a lo realizado.
117
Cuando se viaja incomodo o de espaldas, pero siempre con rumbo a la cima de la montaña, no importa lo profundo que se vean los abismos.
118
Leer es viajar por una autopista elevada y extensa, de un solitario y estrecho carril, donde solo hay espacio para la complicidad estética.
119
Si quieres contemplar desde lejos un bello y colorido jardín, riega las flores silvestres que encuentres a lado y lado del camino.
120
De los diálogos donde fluyen elogios sobre lo que conocemos, me interesan las escasas preguntas que surgen sobre lo mucho que ignoramos.
121
Las palabras son aves silvestres que estando en tu interior adornan y se hacen música, pero liberadas toman direcciones insospechadas.
122
La luz que el conocimiento genera es directamente proporcional a la sombra de confianza que resulta de creer saberlo todo.
123
Por su contundencia y solidez la verdad requiere de menos espacio y palabras que la mentira.
124
La cara de la verdad es una y aún así su transparencia no se pierde entre los mil rostros de la mentira.
125
De las dos eternidades, cuyo centro y punto de partida es el hombre, la más cercana y oscura quizá sea la que llevamos en nuestro interior.
126
La ira busca su doble en los ofendidos. Solo el silencio la desmorona y ve caer como castillos de arena levantados en playas desiertas.
127
El sentido final de la abundancia servirá para recordarnos la escasez, los tiempos de crisis y todo aquello no retribuido al medio ambiente.
128
Las palabras dichas sin el menor juicio son como aves libres después de un corto cautiverio: vuelan desesperadamente y jamás regresan.
129
No importa donde acaben los pasos del hombre. Las que sí importan son las huellas que dejarán florecer sus ideales.
130
El silencio dispersa la muerte para evitar que asalte, para que llegue sosegada como está pactado; como la vida misma lo exige.
131
Para los hombres el silencio debe convertirse en una actitud mediadora entre el dolor y la alegría.
132
El libro es una barca capaz de llevarte a la otra orilla y debajo de la cual existen profundidades que la mente no alcanza a imaginar.
133
Los libros son llamas eternas en el inagotable sendero de la sabiduría.
134
Si después de observar sientes necesidad de contemplar, es porque la primera se ha convertido en el espejo de los secretos de la naturaleza.
135
La posibilidad cotidiana de hacer el bien se asemeja al paso anunciado de un cometa luminoso, a este pocos nos acordamos de verlo pasar.
136
La esperanza debe renovarse con cada amanecer, para ello la mente humana debe estar predispuesta al bien común, al reconocimiento del otro.
137
Los actos positivos del presente hacen perder el tedio a las sombras del pasado y se convierten en bases sólidas del incierto futuro.
138
La impaciencia es la que hace que el hombre no alcance a ver el sello indeleble que el tiempo va poniendo a cada uno de sus actos.
139
Discutir postulados que se tienen por ciertos es deslegitimarlos. Al río que le llegan aguas intempestivas se desborda y anega el paisaje.
140
La observación es la puerta giratoria entre los fenómenos naturales y el conocimiento que cada ser humano tiene de su interior.
141
En el amor prefiere los gestos inesperados y duros que causa la sinceridad, a los oscuros e imborrables que deja la traición.
142
Muestra siempre el sendero de ascenso a los demás, aún sabiendo que nunca alcanzarás la cumbre y que pronto los perderás de vista.
143
Cuando desaparezca la indiferencia y el asombro se vuelva cotidiano, podremos esperar que de las utopias florezcan los milagros.
144
Cuando disponemos la imaginación para largos vuelos todos los vientos son favorables y conducen a las tierras donde maduran las palabras.
145
Las condiciones adversas buscan pulir el espíritu y lo acorazan contra los vientos fríos que intentan helar el corazón humano.
146
Si exploras las posibilidades que da la vida, dejarás a la muerte huellas profundas y secas que dirán de los lejos que te encuentras.
147
Un árbol que cae y la contaminación que va a los ríos, envenenan. Se acabará el canto de los pájaros; pronto veremos el último poniente.
148
Quien vive de ilusiones exige poco de sí, espera todo de los demás y termina culpando de su infortunio a la suerte que otros no le dieron.
149
A ricos y pobres los separa un caudaloso río, al que volverán para el último embarque y donde entenderán lo livianos que son sus equipajes.
150
No temas al atardecer. Si sientes necesidad de detenerte es porque debes contemplar de lejos la noche y esperar la eclosión del nuevo día.
151
Los actos de solidaridad son briznas que fácilmente eleva el viento. Ellas son las que muestran el camino cuando se inicia el último viaje.
152
Haz de tu espíritu un espejo donde otros puedan ver lo que acontece en su interior.
153
Observa a las demás personas como si solo a través de ellas se te revelaran los grandes secretos que aun te guarda la vida.
154
El silencio es la sombra que rodea la fuente donde bebe la inspiración. Muchos tocan sus aguas, pocos ven su rostro reflejado en ella.
155
El cultivo de la vida no requiere de una estación específica. Siembra que en cualquier época del año te dará a recoger sus frutos.
156
Cuando no se piensa acosa la penumbra y se pierde la oportunidad de auscultar otros universos desde nuestra intimidad.
157
Sobre el río de la vida se extienden puentes largos y sonoros que el sordo jamás alcanzará a cruzar.
158
La indiferencia es la muestra de que las sociedades humanas han perdido la capacidad de asombro.
159
Lo enigmático del pensar es que sus mejores luces solo se reflejan en el espejo de lo desconocido.
160
Si logras seguir el vuelo quebradizo de una mariposa, hasta verla posar en un girasol; puedes acercarte a beber el néctar del reencuentro.
161
El hombre llora al nacer y se va en medio del mortal silencio, porque son más los interrogantes que le ha dejado la vida.
162
La justicia natural es la única ley capaz de mantener en equilibrio constante el corazón humano.
163
Subir a la montaña y contemplar el lejano horizonte, son escalones imprescindibles para contemplar la claridad y profundidad del firmamento.
164
La libertad es una vasta llanura donde extendemos nuestras frazadas después de una noche de intemperie y lluvia.
165
La libertad y el honor son las partes visibles del iceberg que es ser humano. El resto debe mantener la transparencia de su superficie.
166
El conocimiento hace que la realidad llegue al hombre dotada de todas sus posibilidades, entre ellas la más esquiva: la trascendencia.
167
El hombre antes de aglomerarse debe agotar la búsqueda de su libertad. Si no lo hace renuncia al placer de volar por vastos firmamentos.
168
Procura que al llegar las sombras de la tarde al patio de tu casa, tú ya estés adentro.
Observación: Las frases aquí publicadas pertenecen al libro que lleva por título" Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio".

sábado, 26 de noviembre de 2011

Olas de lágrimas y risa

La poesía es quizá el único género literario que puede convocarnos a leer en pocas páginas la historia del hombre; es quizá ella la poseedora de un don místico capaz de amainar la nostalgia y la dureza de la guerra, y adentrarnos por las calles polvorientas de la memoria, espacio donde el recuerdo se convierte en reserva sagrada de todos aquellos que le apuestan a la vida, aunque sea ésta el objetivo predilecto de lo absurdo. Para defender la vida de lo absurdo está el arte, la armonía, y para este noble fin el poeta tiene en su poder sutil pero omnímodo de la palabra. La palabra exorciza, capotea lo que no tiene salvación, lo que destruye, puede atreverse a medir fuerzas y entregar lo material de su vitalidad para recuperar su espíritu. Quien hace esto podrá aventurarse por los lugares místicos y transparentes de la poesía y decir, como el poeta que hoy nos ha llamado a escuchar su canto:
"Cuando tú desaparezcas, oh violencia
sorda, ciega y mísera
la muerte llegará sin aspavientos
sedosa y muda
el día de la cita y no la víspera".

Olas de lágrima y risa, libro de poesía de Fernando Alirio López, infiere de lo terrígeno alientos espirituales. Su poesía sigue un proceso biológico, de re- nacimiento, donde recupera la trascendencia de la palabra hasta llevar al hombre a reconocer sus falencias, a liberar su espíritu y alcanzar consciencia sobre todo cuanto lo rodea, para afincar allí sus recuerdos y valerse de ellos para hallar nuevas posibilidades a la vida. Esta postura existencial, moldeada como cinta de moebius, lleva al poeta a volver sobre sus primeros años y preguntarse:
"¿Qué será después de mí, ya en tierra firme,
obligado a conquistar un mundo
que no se asemeja a ningún sueño?"

En cada pregunta, en cada vuelta al cosmos, observa lo impotente que ha sido el ser humano frente a la grandeza de la vida, y es en este punto de la obra donde al poeta el determinismo parece permitirle las últimas preguntas, antes de él comenzar a responder las que el mundo con antelación le había hecho.  Al volver sobre las trochas, ríos y montañas, el poeta descubre que su mirada ya no inquieta como antes y que el tiempo a toda hora se confunde con la noche. Pero conciente de su búsqueda, se siente partícipe de la naturaleza, de su designio terrígeno, y frente a tanta impotencia acepta su finitud, no sin antes dejar como testimonio sus poemas, pretendiendo reservar el camino de regreso, si algún día la vida quiere apoyar en ellos su defensa y sus misterios.

La lectura de olas de lágrima y risa convoca al silencio, actitud mediadora entre el dolor y la alegría, secreto guardado a quienes han comprendido que es aquel   -el silencio- el mejor camino para esquivar la tragedia, dispersar la muerte para que no asalte, sino que llegue pausada como la vida misma lo exige.

domingo, 2 de octubre de 2011

Tabuchi, o el enigma.

       Antonio Tabuchi pareciera decir en sus obras que quien sigue a otro no sigue a nadie. Por eso las cosas fuera de lugar, lo inesperado, el azar, el riesgo, los viajes, los encuentros imprevistos, el dolor del otro y el tiempo, son atracciones irresistibles que propician los vacíos de los cuales los personajes deben salir para ir en busca de su propio reencuentro.

       Tabuchi pone sus personajes fuera de sí, los sube al escenario para vigilarlos, para conocer sus errores y hacerlos olvidar el abismo que sienten dentro de sí y obligarlos a una nueva búsqueda. Es así como sucede el desconcierto, las aventuras existenciales, los viajes irónicos y desesperados, donde el enigma irrumpe y no alcanza a dilucidar los límites con el azar; no dejando al autor más camino que el seguimiento de unas pesquisas que sólo intentan descifrar los lindes de otra aparición, la llegada de un personaje excéntrico o fracasado, para mantener la aventura existencial y resanar las fisuras que tratan de desmoronar la vida humana.

       Éstos personajes excéntricos se hablan a sí mismos( recordemos que Antonio Tabuchi es considerado uno de los mejores especialistas y traductores de Fernando Pessoa). Ellos evocan y piensan en el otro como una continuación o un regreso de ese viaje que el tiempo indecible y extraño ha propiciado. Esta evocación la siente Amelia en el cuento Las habitaciones. Ella cuando recuerda siente el vacío, se hace otra mientras vuelve a casa, pero son los recuerdos de las cosas, las disposiciones de éstas dentro de la habitación y los dolores de su hermano Guido, en su lecho de enfermo, los que la sensibilizan y la hacen recobrar sus sentimientos. Amelia por unos instantes desea lo peor para su hermano Guido artista consagrado, pero la condición del SER humano aflora y el sentimiento de intolerancia se transforma en compasión, compasión motivada por el dolor del otro su hermano quien ha sufrido una desgracia. Es en este diálogo consigo mismo donde el autor pone en juego la realidad de sus personajes. A éstos pareciera que no les quedara otro camino distinto a procurar el reencuentro, el seguimiento de unas pesquisas que no son otra cosa que leves pruebas propiciadoras de pequeños equívocos causantes de turbación, equívocos que a la vez suscitan en ellos reflexiones, necesidad de trascendencia, búsqueda que deja en segundo plano el esclarecimiento del enigma y nos confirma que el mejor viaje es aquel que realizamos a través de nosotros mismos.

       La fascinación que Antonio Tabuchi siente por las voces heterónimas de Fernando Pessoa (Lisboa, 18881935) se ve reflejada en sus obras. Los rasgos psicoanalíticos del doble los podemos ver en el cuento Los trenes que van a Madrás, y en la novela Nocturno Hindú. En Nocturno Hindú Tabuchi nos enseña que no hay viaje más fascinante e inesperado que el realizado a través de nosotros mismos, que no hay necesidad de seguir las huellas de nadie para hallar nuestra propia sombra deambulando en el pasado, quizá porque cometimos un pequeño error entramos en el vacío o porque la única forma de reconocernos es desde el lado oscuro que cada uno nosotros posee. En el cuento Los trenes que van a Madrás, el señor Peter habla a su compañero de viaje el doble de Tabuchi de la cultura dravítica, del círculo de renovación vital, de la imagen de Shiva, y de la manera como los espacios vacíos dejados en el círculo deben ser llenados por la imaginación de quienes lo contemplaban. En esta parte del diálogo los viajeros se observan y parecen decirse que llevan un destino similar. El señor Peter es descubierto en mentira por su compañero y para aquél el círculo se cierra sin  lograr la comunicación que ambos habían planeado para contarse la opinión sobre lo inesperado que resultó el encuentro.

       Mi descubrimiento de la obra de Antonio Tabuchi sucedió a comienzos de la década del ochenta. La mañana en que leí en un suplemento dominical el cuento Las habitaciones, sentí la atmósfera de mi cuento Los cuadros, un texto que yo había escrito meses antes. El descubrimiento se hizo más significativo cuando, atraído por su prosa enigmática, leí su novela Nocturno Hindú. Me imaginé que él y yo estábamos escribiendo obras paralelas, tanto en el tiempo como en ciertos rasgos temáticos; eso sí, con la enorme diferencia de la madurez y maestría del escritor Italiano. Tabuchi fascina con su lenguaje creativo y con el conocimiento que un escritor alcanza a tener de sí mismo. Pero uno de los mayores méritos de sus obras es que éstas no pretenden saciarnos de una vez por todas, sino dejarnos con apetito para que volvamos a sus páginas y nos asombremos al recuperar  caminos que temíamos haber perdido, y podamos reiniciar nuestra búsqueda con mayor confianza.

       La lectura de Nocturno Hindú y la escritura de mi novela Dios no es el asesino ésta propiciadora de abismos, donde los personajes al menor descuido pierden su historia personal y deben recomenzar la búsqueda─,  me hicieron comprender aún más la grandeza de la literatura, los hallazgos que las obras literarias revelan, puertas que sólo pueden abrirse cuando entramos en comunión con el autor e intentamos llenar los vacíos dejados en sus historias, donde la chispa del asombro siempre indicará el camino secreto que nos brinda el arte, misterios que no cesarán de manifestarse hasta el hallazgo de la contemplación. Este asombro siempre sucederá cuando tengamos frente a nuestros ojos una obra de Antonio Tabuchi, escritor que, junto a Gesualdo Bufalino, renovó el panorama literario Italiano.


       Otras obras de Antonio Tabuchi( Vecchiano,1943): Dama de Porto Pim, El juego del revés, Pequeños equívocos sin importancia, La línea del horizonte, Los volátiles del Beato Angélico, El Ángel negro, Réquiem, Sostiene Pereira, Sueños de sueños, Los tres últimos días de Fernando Pessoa, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro y Piazza D´Italia.

Fin

domingo, 21 de agosto de 2011

Poemas - 1

Palabras
No hay mejor refugio                                                                 
que mi casa construida con palabras
sólo yo puedo habitarla
otros se pierden en los extensos pasillos de sonidos
que el tiempo ha vuelto indestructibles
de ella puedo salir a cualquier hora
contemplar cuanto sucede en el mundo
y regresar con el viento que silba
porque aún persisten los misterios
entro en ella
porque allí mora mi espíritu
subo al balcón
a la terraza
y contemplo la romería
que sin apartar los libros de sus ojos
busca entre sus páginas
el origen apacible de la música
caminan sin descanso
leen
no saben que muy cerca
un hombre teje el tiempo con palabras.

A Yorgos Seferis
La noche fondeó en el puerto
donde nunca más se batirán silencios blancos
donde no tendrá orillas la nostalgia
donde una luna tenue por siempre devuelve las miradas
desde un barco solitario se escucha el lenguaje
secreto de las olas
aleteo de gaviotas que buscan en las ruinas
la última ecuación de tierra firme.

Cuando muera
Permitan que mueran conmigo las palabras
que breves lamentos sientan
que mis párpados cerraron
el camino a la nostalgia

Palabras vacías llenarán el vientre del silencio
y será tiempo para la última pregunta
pero ya no podrán oírme
respondan en mi nombre
no culpen al destino
ni a nadie
sólo digan que el hombre acaba
cuando mueren las palabras.

________________
Guárdame en tu corazón
el espacio que ocuparía
un calendario de bolsillo
en la pared de una casa
de cinco alcobas.

___________________
Dónde nacerá la noche
para esquivar el circular regreso
decirle que mi corazón
ya no es paso obligado
que aprendí a descifrar sombras
en los ojos del niño
que mira ponientes
desde la ventana
de una casa solitaria.
...
Dónde morirá el camino
si la huella
es memoria del pasado
y el paso un dolor más
sin tu presencia.

lunes, 1 de agosto de 2011

Pablo Neruda (1904 - 1973)

Unos llaman al regreso verdad de tierra; otros dolor de patria. Pablo Neruda no hizo distinción entre estos dos conceptos, a su vuelta sólo sintió que todos los caminos salían a su encuentro, le contaban su historia y a él, como poeta en regreso, le quedaba correr el riesgo de ver esfumar su propia historia si no continuaba la búsqueda de su identidad a través de los únicos senderos donde la gloria americana escondía las semillas, dolor y tradición, alimento imperecedero que el poeta no iba a malograr. El poeta no renunciaría a su búsqueda, a su poesía.
Dejar de ejercer la diplomacia y ser elegido senador de la república (1945 ), le permitió a Neruda redescubrir en su propia piel el olor inextinguible del ser americano, de su ser chileno, olores a pampa áspera, a cumbres andinas, a veces interminables, tierras donde el minero y su andar incierto habla de la fragilidad de su destino: "Son hombres de rostros quemados; toda una expresión de soledad y de abandono se deposita en sus ojos de oscura intensidad"1. En su poesía habría de reafirmar sus impresiones de la "pampa dura", planicies, como el resto de América, donde teniéndolo todo, a los hombres les costaba demasiado vivir.
Pablo Neruda regresó a Chile en el año 1943 - después de ser cónsul honorario en Birmania, Ceilán, Java y Barcelona -, predispuesto a volcar su existencia, olvidarse de las tierras verdes y selvas exuberantes donde él había nacido (Parral 1904 - Santiago 1973) y confrontar el desierto lunar, dialogar con los obreros de las minas de cobre y de las salitreras. Neruda no quería dejar escapar ningún episodio que templara las fibras de su ser roídas por el "exilio diplomático": " Pienso que el hombre debe vivir en su patria y creo que el desarraigo de los seres humanos es una frustración que de alguna manera u otra entorpece la claridad del alma"2.
Fue quizá la verdad de tierra lo que hizo la poesía de Neruda, poesía de reencuentro, combativa y desolada:" Mi poesía no rechazó nada de lo que pudo traer en su caudal; aceptó la pasión, desarrolló el misterio, y se abrió paso entre los corazones del pueblo"3. Esa verdad de tierra lo hizo sentir de nuevo que sus manos de alguna manera habían trabajado, pulido con su conciencia aquellos peñascos, aquellas rocas milenarias y carcomidas que absorbían los rayos solares para iluminar los recónditos secretos del alma americana; alturas donde se aprendía el alfabeto del silencio, alturas cunas del relámpago y del hombre.

Canto general (1950).

Canto general, la obra cumbre de Neruda, comenzó a gestarse desde el año 1945, cuando el poeta ingresó al partido comunista de chile. Este inmenso poema compuesto en quince cantos, donde el hombre se enfrenta a su propia existencia hasta enterrarse en el "amasijo arenoso" y renace empuñando la identidad, es la recuperación de su consciencia perdida. En "canto general" se desarrolla una estructura histórica y una temática social disgregada en la descripción de la naturaleza, y en el renacimiento que se inicia en las alturas de Macchu - Picchu, ruinas desde donde se ven correr las nubes, los ríos, hasta descubrir las raíces indígenas, únicas capaces de elevarse en silencio por las cordilleras andinas y tocar las puertas del cielo. Esos tránsitos por los caminos Incas, Chibchas, Mayas y demás culturas precolombinas, los escuchó el poeta, los siguió, y en su recorrido invocó y presentó el paisaje como el escenario único y posible donde la opresión quiso quedarse, huellas del dolor al que fue sometido el ser humano. En su recorrido muestra además los aspectos positivos de la conquista americana, critica a los enemigos de su propia tierra, invita al renacimiento de la realidad perdida, exalta su Chile natal, canta las duras faenas de los trabajadores, expone las creencias políticas; y contempla el mar.
Canto general es un descenso, un volver a redescubrir los ágiles caminos de nuestro ser. Neruda, así lo sintió cuando, parado en las ruinas de Macchu - Picchu, contempló el alma, el espíritu que por siglos había permanecido suspendido entre las peñas de la incertidumbre. Desde este punto de la contemplación, el poeta desnuda su yo, un yo que quiere adentrarse en el corazón mismo de las tinieblas para aprisionar entre sus brazos el alma desgranada por los oprobios invasores. Allí el poeta se interroga, interroga la naturaleza para que ésta le indique los caminos ligeros de los antepasados, sus tradiciones y sus búsquedas. Son preguntas que la naturaleza no se niega a responder, están tocando su espíritu, sus fibras de nuevo comienzan a estremecerse y su canto necesita ser contado, por esa razón accede al pedido del poeta que asciende hasta el centro de su corazón, hasta lo alto de las ruinas de Macchu - picchu.

"Qué dicen tus destellos acosados?
Tu secreto relámpago rebelde
Antes viajó poblado de palabra?"4    

El poeta siente la sinceridad de la naturaleza antes de desnudar ante ella su consciencia. Luego funde sus pasos en los caminos que siempre quiso hallar y se entrega, muestra su yo épico dispuesto a nutrirse de la historia que ella quiere contarle y que por siglos le habían ocultado.

"Puse la frente entre las olas profundas
descendí como gota entre la paz sulfúrica,
y, como un ciego, regresé al jazmín
de la gastada primavera humana"5.

Para el poeta lo trascendental es dejar fluir su sangre, sentir lo que la naturaleza quiere decir, gritar, y Neruda se vuelca sobre la historia, se deja absorber por ella y ésta entiende su búsqueda, le permite exponer sus derechos de hombre americano y respeta su moralidad, su consciencia, acepta su peregrinaje y de este peregrinar nace un deber, la alteridad, la gracia de reconocer al otro, al que sufre, al que le ha sido negada su condición de hombre libre. La libertad ha sido un clamor de centurias, suma de duras manifestaciones humanas que tocan la piel del poeta que también busca su propio espíritu, y es sobre ese espíritu que él ancla su poesía; el clamor, su pensamiento, y desde aquí su canto se hace colectivo, canto que exalta el ser nativo, el ser del hombre común, el ser de aquellos hombres que se siguen nutriendo de su tradición, en síntesis, el poeta se aferra a la historia como único medio para ver resurgir la idea de una identidad si no universal; americana. Es la historia la que le ha permitido el reencuentro consigo mismo, con su pueblo, sus montañas, sus animales y en última instancia con la esencia del arte poético. Este recorrido, en parte Hegeliano (yo lírico, nosotros épico - América - yo colectivo) podemos sentirlo en el canto doce de "alturas de Macchu - Picchu" :

"yo vengo a hablar por vuestra boca muerta.
A través de la tierra juntad todos
Los silenciosos labios derramados
Y desde el fondo habladme toda esta larga noche
Como si yo estuviera con vosotros anclado, "6

Canto general, la obra más ambiciosa de Pablo Neruda (premio Nobel de literatura 1971), es el espejo donde el poeta ve transcurrir su vida y la de sus antepasados; experiencia propia cimentada en la perspectiva histórica que al final le recuerda que no había para él otra residencia posible fuera de su amada América.



Notas:
1.    Neruda, p. Confieso que he vivido. Círculo de lectores. Bogotá, 1974, página #184.
2.    Ibid, página # 183.
3.    Ibid, página # 188.
4.    Neruda, p. Canto general. Orby. Barcelona, 1983, página # 31.
5.    Ibid, página # 25.
6.    Ibid, página # 36.


Tomado de la revista Cariátides, número 44

jueves, 14 de julio de 2011

Autor y personaje frente a la ciudad

Llegar por primera vez a una ciudad es asistir a una cita con alguien que no conocemos, pero en un lugar que creemos haber visto antes.  He aquí el poder de la ciudad, su capacidad de provocación.  Ella nos plantea un reto, nos propicia los espacios para que interactuemos y hagamos que en ella la vida y el movimiento perduren como resultado de nuestra intervención.  Ese asombro, esa mezcla de fascinación que alcanzamos a sentir desde el otro lado, desde la llegada a un sitio aparentemente desconocido, nos revela que ella sólo va a revelarse a quien esté dispuesto a  interrogarla.  Por lo tanto, la ciudad no se nos muestra si no la provocamos, si en vez de transformarla permitimos que la vida transcurra estérilmente.  Ella es benévola, nos traza calles, plazas, casas, ventanas, alcobas, para ver diseminar nuestra historia personal; la misma que al ser recordada refuerza la memoria de la ciudad, la vivifica y la torna accesible a quienes deseen enfrentarse a ese instante infinito que llama Pere Salabert, aquel momento cuando todo es desconocido, pero a la vez conocido, instante que nos induce a arriesgarlo todo, a dar el paso definitivo para enfrentarnos a una finitud que sólo el movimiento, la fuerza de intervención que imponga nuestra vida en la ciudad, podrá detener. Pero ¿qué actitud impone este movimiento?

Digamos que el arte, la estética fundamentada principalmente -dice Salabert-  en la estesia (sensibilidad), ese otro modo de proceder, de intervenir, para perpetuar huellas, para que las calles y los lugares que nos presta la ciudad tengan un sello singular, un olor instintivo que los haga únicos en el momento de proteger lo nuestro, porque sólo así subsistirá la ciudad.  La ciudad pensada de esa manera se convierte en el espacio esencial para jugar a la vida.  Pero a la ciudad hay que saberle jugar, hay que descubrirle su propia historia, debemos presentarnos como recién llegados, aún sabiendo que con la imaginación ya la habíamos habitado y que en esa ciudad imaginada preferimos perpetuar las historias personales, y sobre las cuales quisiéramos volver cuando ella intente o quiera borrar el rastro de quienes decidimos abandonarla.  Ese misterio de querer recoger nuestras huellas,  es el vacío sufrido por los lugares que una vez conocieron la historia de quien les imprimió movimiento, y que descubrió desde la fascinación los senderos de la sensibilidad, sitios donde la ciudad se desnuda para dejarse construir y que ahora deben marcharse.  No confrontarla, no explorarla de la manera como ella nos incita, nos convierte en simples observadores, en espectadores que miran el campo de juego como algo mutable y donde la actuación no tendrá sentido.  Pero basta que observemos un mural, una escultura, que crucemos una esquina donde una noche el insecto de la violencia sembró en nuestra piel larvas de rencor, para que surja de nuevo el movimiento y la ciudad nos recalque que la historia es compartida.  No mirar la ciudad como alteridad, hace que ella empiece a recobrarse como hilo de una cometa que perdió una tiranta cuando con poca cola quiso desafiar los vientos de agosto.  Esa toma de conciencia de la ciudad real nos permitirá, como la cometa, dar vueltas y retomar el sendero de nuestra historia verdadera.

Un personaje de mis novelas reniega de la ciudad, dice que las calles por donde camina le parecen conocidas, pero que en sus pensamientos siente vacíos y yo creo que el personaje tiene razón en desdeñar de la ciudad, pues él no sabe que esos vacíos pertenecen a la realidad, que desde ellos vigilo sus pasos, sus actos y calculo cuales historias de mi vida personal puedo esconder o representar en él.  Este desdoblamiento de la ciudad es el que permite que el autor y sus personajes pacten encuentros, resuelvan diferencias, y donde un movimiento en falso representa la pérdida de una historia, pérdida que será motivo suficiente para que la ciudad nos reclame lo que con ella compartimos.  Siendo la vida un juego y la ciudad el escenario, el artista no debe atreverse a explicar sus obras.  Por eso yo como escritor, escribo para que mis personajes se apropien de mi historia personal, para que me despojen de ella hasta hacerme sentir deshabitado y la diseminen por los lugares que la ciudad nos propicia.  Es en este momento cuando salgo a recuperar mi lugar en el mundo, cuando siento la grandeza de la ciudad que nos permite recobrar la realidad y nos provoca el asombro; el reencuentro con nosotros mismos.  Ciudad y personaje, como cicatrices que recuerdan bravos enemigos, me han devuelto pasajes de mi vida, historias que mi memoria creía malogradas, y es en esas historias recuperadas donde se funda la importancia de la literatura y la conservación de la conciencia humana.


La ciudad confrontada y explorada en su ambigüedad, hace que la novela sea un universo donde las palabras del narrador sean sólo indicios por los cuales el lector transite hacia encuentros inesperados, donde éste haga suya la historia, la moldee como si ella fuera el canal, el camino que requería para iniciar su propia búsqueda.

Tomado de Periódico Nexos, Universidad Eafit, Edición 103.


martes, 12 de julio de 2011

Eterna lucha


Los dioses del bien y del mal, al no poder dirimir la disputa por el dominio del universo, decidieron buscar un aliado y pensaron en el hombre. Pusieron en él lo mejor de cada uno de ellos. Le entregaron la tierra como albergue y por muchos siglos se olvidaron de él y de su descendencia, pensaron que era demasiado el trabajo que debería realizar si quería hacer la tierra vivible y sacarle el mayor provecho.
Creado el hombre, la lucha cruel y decidida no se detenía. El cielo parecía ser el sitio perfecto para lo que los dioses pretendían: no perder el trono. Nunca iba a haber un ganador absoluto. Pensaron que la disputa sólo podría resolverla un tercer actor y se acordaron que en la tierra tenían un aliado; el hombre, y salieron en su busca. Lo encontraron labrando la tierra, cuidando los rebaños y rindiendo culto a los astros celestes, y a la lluvia, porque éstos le ayudaban a subsistir. Los dioses se olvidaron de la disputa, le recriminaron y le exigieron obediencia. Los hombres reunidos se miraban asombrados. Observaban el sol impecable en las alturas y pensaron que él, la luna y las estrellas, nada habían exigido a cambio de los beneficios que les daban. En medio del asombro, dieron la espalda a los dioses y volvieron a las actividades del campo y por muchos años se olvidaron de ellos, pensaban que con su mente y sus manos ellos habían transformado el planeta, habían construido sus viviendas; mientras que aquellos nunca hicieron presencia en ninguna de sus labores diarias ni ante sus calamidades; y se decían que un dios no podía estar alejado de lo que había creado y que en cambio el sol y los demás astros todos los días los protegían.
Estos comentarios indignaron a los dioses y una tarde después de un eclipse total de sol, regresaron. De nuevo reclamaron obediencia, dijeron a los hombres que todo cuanto estaba en el universo les pertenecía, y que ellos eran capaces de apagar la luz del astro rey, y de la luna, como hacía poco había sucedido. "Somos capaces de desatar tormentas, diluvios o detener la furia de las aguas", dijeron a los hombres reunidos. Éstos apenas se miraban como temiendo perder la luz de sus ojos. Luego de un largo silencio pidieron una tregua, un tiempo para reflexionar, pero los dioses contestaron que entre ellos había pactada una tregua y justo ésta terminaba esa tarde después del eclipse. Los hombres dieron de nuevo la espalda y regresaron a sus casas como lo indicaba el paso vigilante de la luna. Los dioses respetaron su pacto y castigaron la desobediencia. Los rayos del sol se hicieron insoportables, se extinguieron las nieves perpetuas y la tierra se anegó. En las tierras ecuatoriales la lluvia no cesó y los hombres murieron.
El día en que los dioses volvieron a comprender que su lucha siempre sería estéril, y que ninguno se daría por vencido, crearon de nuevo al hombre, está vez con mayores limitaciones, para tener en quien esconder las tristezas de la derrota, o ver en los labios y en los ojos el otro lado de la nostalgia.

Tomado de la Revista virtual Delitosmenores http://delitosmenores.com/relato.htm