sábado, 11 de julio de 2020
De estas y otras migraciones
Estas reflexiones las escribí para mis lectores. Quiero con ellas dar muestra de lo que me ha generado el confinamiento al que nos ha sometido la pandemia del coronavirus. Espero que al leerlas tengas la sensación de vuelta a una vida interior, de reencuentro. De esta y otras migraciones
lunes, 15 de junio de 2020
Frases que ayudan a vivir
1151
Cuando en el tablero
se conoce la posición del otro, y el valor de las fichas propias, el movimiento
del caballo no encontrará obstáculos.
1152
El león que lideró la
cacería observa la manada disputarse las mejores presas y tarde se percata del mordisco
de la hiena, herida de la que no sobrevivirá.
1153
Si insistes en
sobrepasar en terrenos escarpados debes saber esquivar al que va delante.
1154
Al árbol no le
preocupan las hojas que se desprenden sino aquellas a las que aún mueve el
viento.
1155
Aunque el lobo tenga
los ojos azules sabe que el cielo nunca está a ras del suelo.
1156
La vida es como un
párrafo de novela inconclusa donde puedes jugar con la puntuación, respirar
como en natación, pero donde la historia termina al escribir el punto final.
1157
Los avances obtenidos
por los estudiantes en medio de las dificultades debe ser el principal
indicativo para analizar el aprendizaje.
1158
Lo fundamental de la
filosofía no son las respuestas que ésta intenta dar sino las preguntas que
genera.
1159
El sentido de
pertenencia empieza a florecer cuando comienzas a amar lo que haces.
1160
A quien busca la luz
las distancias jamás le ocultarán el objetivo.
1161
El cuento debe ser una
competencia de cien metros planos, donde mantener buen ritmo y braceo
acompasado lleva al lector a comparar su respiración con la de los competidores.
1162
El mejor diálogo es
el que reiniciamos con nosotros mismos. Todo porque sin las palabras de los
otros habría sido imposible recobrar la conversación.
1163
Detrás de la sutileza
de la sombra se oculta el abismo del que ésta se sostiene.
1164
Cuando dos personas
están en orillas distintas y no escuchan el rumor del río que los separa es
porque su conciencia está desconectada del resto de los mortales.
1165
Si la derrota no te
hizo fuerte fue porque hiciste poco para evitarla.
1166
El camino de la
verdadera amistad no tiene orillas.
1167
Alrededor de la
verdad y la mentira acecha la duda. Si ésta logra confundirlas con su niebla es
porque quienes hablan caminan sobre el mismo pantano.
1168
No engendres hijos
sino estás en capacidad de explicarles las primeras palabras del diccionario de
la vida.
1169
¿Por qué si el rayo
es el que más se oculta cuando aparece se hace el más visible?
1170
Para llegar más lejos
que los demás no se necesita partir de primero.
1171
Se enseña con el
ejemplo. No se puede mostrar a otros el camino sino se conocen sus orillas y lo
profundo que puede resultar el abismo.
1172
Ni el derrumbe de la
muerte alcanza a llevarse los cimientos donde floreció la vida.
1173
Mientras más se
asciende en la montaña mejor se observa el valle y menos miedo se le tiene al
río.
1174
Cuando toda la savia
se queda en el tronco a las hojas las desprende fácilmente el viento.
1175
Si se le entrega la
sabiduría a Google, imagínate el rol que desempeñarán los maestros.
1176
La conciencia es el
arma secreta con la cual el ser humano puede afrontar todas las guerras.
1177
Cuando la vida te da
esperanzas los obstáculos terminan sirviendo de faroles ante las sombras que
amenazan.
1178
El hombre es el mejor
espejo de la naturaleza, en él se reflejan con mayor nitidez las abundancias y
las precariedades del universo.
1179
El camino trazado no
se debe cambiar mientras se transita, porque el otro hará que llegue más ligero
la noche.
1180
La paciencia lo
alcanza todo, porque ve todo con suficiente claridad.
1181
Los obstáculos sólo se agigantan
cuando los anteponemos a las capacidades individuales.
1182
La contundencia de la muerte se
hace más visible en el cuerpo del débil y del menesteroso.
1183
Sanar las heridas de la tragedia
es hacer amigable su rostro para reconocerlo cuando volvamos a encontrarlo en
el camino.
1184
Cuando no se sabe escuchar menos
se sabrá leer. Cuando se separan las aguas mayor relevancia se da a las
orillas.
1185
Las palabras bien expresadas son
como el viento que a todos refresca y aunque ellas quieran quedarse pocos
alcanzan a retenerlas en su corazón.
1186
Toda buena intención encuentra
razones que mitigan el dolor causado por los desaciertos.
1187
Muchas veces quien se va con las
manos vacías entre ellas se lleva lo más valioso.
1188
Quien al ascender no sabe
observar el horizonte convierte la altura en grande abismo.
1189
El ser alcanza su máximo sentido cuando
se revela siendo en los otros.
1190
En la competición el objetivo de
la meta no es que llegues de primero, sino que alcances a desarrollar tu máximo
esfuerzo
1191
La esencia de la educación brota
del encuentro entre el respeto y el asombro que convocan maestros y estudiantes
en torno al conocimiento.
1192
No debes dar nada por perdido
hasta que la noche llegue y no te deje ver el día.
1193
Las páginas de los buenos libros
son como las aguas de los ríos cristalinos y torrentosos. Éstas a cada instante
cambian la tonalidad de los paisajes.
1194
Haz como la sombra que en las
tardes cubre los caminos, en las noches no teme a la profunda oscuridad y en
las mañanas vuelve a esconderse donde no la descubre la luz.
1195
Siempre será mayor la felicidad
mientras menores sean los deseos. Las sombras que no retroceden ante la luz
pierden el privilegio de confundirse con la noche.
1196
El ser humano y la montaña
guardan estrecha relación. Del ascenso y conocimiento de ambos depende la
grandeza de la hazaña.
1197
Compartir lo que se sabe
fortalece lo que se hace.
1198
Se renace cuando se termina bien
un proceso, cuando no se olvidan los primeros pasos dados sobre el mismo
camino.
1199
Pensar en el infinito te da
ventaja suficiente sobre lo que viene detrás, inclusive sobre tu propia sombra.
1200
Dentro de ti todo será luz
mientras no olvides los destellos que habitan en lo más profundo del universo.
lunes, 16 de marzo de 2020
El Color de la Madrugada, novela
SOBRE
LA NOVELA EL
COLOR DE LA MADRUGADA,
DE
RENÉ JARAMILLO VALDÉS
Una
novela en la cual un adulto habla por la boca de un niño y narra la
historia de su familia en un “periplo” de tiempo que en la novela
transcurre sin cronología, pero que es muy entendible al lector.
Es un lento recorrido desde la niñez hasta la edad adulta, a través
de caminos de falencia, de angustia, de temor y en algunas ocasiones
de desesperanza, dada la época en que se desarrolla la historia,
cuando aún las heridas de la violencia fomentada por los partidos
políticos, no había sanado y apenas empezaba el ensayo del Frente
Nacional.
Llama
la atención la forma como el escritor, René Jaramillo Valdés, a
través de su personaje describe la incesante lucha por la
subsistencia, precaria en lo físico, pero sin decaer en la lucha y
sin perder en ningún momento la ilusión de un futuro mejor.
Las
lágrimas son un común denominador en todo el trámite de la
narración y son conmovedoras, porque son las mujeres y
especialmente la madre, quien más las derrama.
Para
resaltar como lo básico y que merece la atención del lector, los
sueños de un hombre que lucha por unos ideales que él llama
libertad, incomprendidos para muchos que se convierten en sus
opositores, pero apoyado por su círculo familiar más íntimo,
-madre, suegra, esposa e hijos, que nunca desfallecen y están a
su lado sin ninguna reserva y lo más conmovedor es que de ninguno de
ellos escucha una crítica por la forma como dilapida su fortuna
y su tiempo, en busca de un objetivo, que nadie le agradece.
Ese
largo camino hacia la libertad, marca su destino y el del resto de
la familia y se convierte en una carga demasiado pesada para llevar
en los hombros y que al final significa tener que abandonar el lugar
que lo había visto nacer, arrastrando con él a su sufrida esposa y
a toda su descendencia.
Los
términos coloquiales que se utilizan en toda la novela, ayudan a
recordar esas palabras campesinas que lentamente se han evaporado del
idioma y han sido sustituidas por otras palabras cuyo significado
pueden decir lo mismo, pero que sin duda no tienen el mismo sabor.
Esas palabras y algunas de las escenas narradas, me hicieron volver
a la época de mi juventud cuando corretear por el campo, era un lujo
al que no le “parábamos bolas”.
La
novela no tiene ratos felices, todos los episodios y anécdotas
transmiten la lucha incesante de los seres humanos cuyas vivencias
existenciales, de una u otra forma enfocan más la lucha por lograr
una subsistencia digna, que la satisfacción de haberla logrado.
Donde
es más notorio este aspecto es cuando la familia se traslada a vivir
a la ciudad de Medellín, en un ambiente que para un pueblerino
siempre será hostil y es porque las preocupaciones aumentan, ya no
se trata solamente de subsistir, de pagar un arriendo, de mercar, en
fin, de tener lo básico, son muchas cosas: es perder la identidad y
convertirse en un desconocido para la mayoría de las personas, es
la inseguridad y es la ingratitud marcada de las personas que antes
te necesitaban, como el caso de los políticos narrados por el
escritor.
Los
personajes individualmente tienen comportamientos disímiles, las
hermanas siempre dispuestas a ayudar a la familia, pese a que
desde muy temprana edad buscan destetarse del hogar buscando el
camino más incierto, el del matrimonio.
La
persona que se roba la atención en la última parte de la novela es
“Pacho”, cuyo comportamiento en la narración, cambia de
protector a destructor. Después de extenderle la mano a Luis, su
padre, para que consiguiera sin dificultades el sustento de la
familia, se convierte en una pesadilla para los suyos por la forma de
beber y despilfarrar el capital del negocio.
En
mi caso como lector me quedé con las ganas de saber si algún día
dejó de beber.
Tal
vez indirectamente René Jaramillo Valdés, cuando escribió esta
novela, mostrando las peripecias y angustias de “su familia”
durante casi veinte años y esa evocación que se transluce en
sentimiento de amor y gratitud hacia un padre y una madre, que en el
contexto como lo conocemos, no eran importantes fuera de su entorno
familiar, pero que sí estaban sembrados con unas raíces profundas e
inamovibles en el corazón de sus hijos, que los amaban con toda la
fuerza de la sangre, que es el activo más importante que puede tener
una familia, lo que buscaba era escribir la historia de miles de
familias anónimas que por avatares de la vida tuvieron que
emprender el mismo camino de los protagonistas del “Color
de la Madrugada”.
Así
lo siento, porque ese también fue el caso de mi familia.
TALLER
PLUMA CHAMÍ
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