sábado, 23 de diciembre de 2017

Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio

951
La vida guarda la coherencia del eco, por eso lanza al vacío palabras limpias, y sensatas, para que a la vuelta no las deteriore el viento.

952
Quien se refugia en Dios para esconder el diablo que lleva dentro, le ocurre como al que pierde el sueño a la espera de que se apague el sol.

953
Si después de la derrota no queda mancillado el honor se está en la mejor posición para la próxima contienda.

954
El odio es la fórmula precisa para descifrar el encuentro con la muerte.

955
Los árboles que crecen a destiempo tienen ramas frágiles que apenas sirven para confirmar la fuerza del viento.

956
El hombre de hoy es la fiera que los cazadores lograron sacar de la guarida.

957
Escribir es detener el tiempo para que los recuerdos encuentren claridad en la distancia.

958
No debes temer a las sombras que intentan oscurecer el horizonte sino a las que se agigantan a tus espaldas.

959
Aquel que nunca espera nada está en capacidad de valorar todo lo que llegue a sus manos.

960
La impaciencia es la que no deja ver el tamaño real de los peces que hay en el estanque.

961
La verdad siempre da la posibilidad de hallar la luz después de las sombras.

962
Quien sueña con mundos desconocidos ya empezó a hallar la luz de su destino.

963
Se enseña la composición del camino mas no la de los pasos que lo marcan.

964
A veces la certeza del pasado es suficiente para cruzar el puente colgante del presente.

965
La mentira es como un río que se desborda y quien sufre la avalancha difícilmente olvida la huella que dejó en las orillas.

966
El sabio expone su rostro en la fuente para mostrar el temblor de su alma; el necio pretende hacerlo en las profundidades.

967
Aparentemente la montaña tiembla ante el paso de las nubes; siendo roca la mueve lo sublime.

968
El dolor es una sombra que a veces se adelanta, pero su posición original es la retaguardia.

969
El fracaso en un bache en el camino que una maniobra oportuna puede evitar.

970
Conocerte a ti mismo lleva a la iluminación, procura no llenarte de sombras.

971
Quién sabe escuchar alcanza a descubrir los sonidos más secretos de las palabras.

972
El poeta es destinatario de imágenes y sonidos que el tiempo selecciona para dejar como huellas de su travesía.

973
Hacerse consciente de las acciones indebidas es, en parte, evitar las molestias de las consecuencias.

974
Las aves enseñan a sus pichones la altura del árbol, la disparidad de las ramas, dónde construir su nido, a pulir sus plumas y parte del vasto bosque para los vuelos.

975
Mientras el árbol crece las ramas aprenden a descubrir la dirección de los vientos.

976
Muchas veces la vergüenza no la genera la caída sino levantarse y tener que conservar la cabeza inclinada.

977
Por muy oscura que sea la noche jamás puede detener la llegada de las primeras luces del nuevo día.

978
Cada puerta que se abre, así sea la misma, siempre debe mostrarnos facetas distintas del mismo horizonte.

979
El peor mal que puede albergar un hombre es la extensa agonía de la cobardía.

980
   El escalón que subas, por pequeño que sea, te permite ver el mundo desde otra altura.

981
El arte permite licencias para conservar la amistad en el espíritu y la hermandad en la palabra.

982
Somos mucho y no somos nada. Lo negativo siempre será carencia de lo positivo.

983
Quien va siempre hacia delante obliga a su sombra a estar en retaguardia.

984
Para el auténtico viajero los caminos no terminan, simplemente se va por direcciones equivocadas.

985
Prefiere escalar la montaña para ver el abismo a estar inmóvil y sentirlo crecer en tu interior.

986
Cuando pongas tus pensamientos en acción habrás aprendido la primera lección del vuelo.

987
Se aprende a pensar cuando se mezclan oscuridades y el resultado es la luz.

988
Si el miedo a lo desconocido te oculta la montaña es porque el mayor abismo eres tú.

989
Sé como el sol que siempre sale a desplegar los rayos sin importar el color de los paisajes.

990
La verdad es como esa mariposa que vuela sobre un jardín: donde se posa intensifica colores y belleza.

991
El silencio es como el agua, calma la sed del espíritu y del cuerpo.

992
La verdad es como las buenas cometas que siempre se mantienen en lo alto sin importar la fuerza y la dirección de los vientos.

993
Que el paso de una nube no se convierta en el obstáculo que te impida contemplar el infinito.

994
El ave que vuelve al nido después de un largo y extenuante viaje fácilmente ordena su plumaje.

995
Recuerda que los fuertes vientos que te golpean de frente son los primeros avisos del huracán que se aproxima.

996
Sé cómo esas sombras de los árboles que se mueven sin apartarse del tronco para que los rayos del sol persistan en su búsqueda.

997
Expresar el odio es dar vida al enemigo que crece dentro de ti.

998
Quien prefiere más el “Parecer” que el “Ser” deja apagar la luz que habrá de iluminarle en la noche. 

999
Los caminos que van al corazón del hombre no terminan, conocerlos es descubrir las respuestas que sostienen la existencia del viajero.

1000
Cuando entendamos los vacíos entre los cuales germina la vida comprenderemos la grandeza de quien está a nuestro lado.


domingo, 29 de octubre de 2017

Freddy Téllez, el aventurero del yo.


Por: René Jaramillo Valdés.

Sigo pensando que los únicos viajes que no terminan son aquellos que emprendemos hacia nosotros mismos. En la mayoría de estas búsquedas los hechos cercanos obnubilan y su resplandor prolonga las orillas del sendero para indicarnos lo lejos que estamos de alcanzar el reencuentro. Pero estar consciente de este fracaso hace que continuemos explorando los secretos que animan la vida y saltar los vacíos que nos impone nuestra propia historia.
Un mes antes de la Fiesta del Libro de la ciudad, Freddy Téllez me escribió para ponerme al tanto de la presentación de su novela “individuo Errante”, que había publicado la editorial Sílaba, y se mostró interesado en que nos reuniéramos en esos días que iba a estar en Medellín. Le respondí que sí, que nos veríamos para que habláramos de libros y de los avatares que conforman los días.

Tuve tiempo de recordar el encuentro anterior con mi amigo en la librería El Acontista, durante la presentación de la segunda novela “El docto y el imbécil”, de la trilogía “El aventurero del yo”. En medio del barullo de los asistentes al evento hablamos de su libro “Filosofía y extramuros”, publicado en 1999, por la editorial Eafit. Le confirmé el entusiasmo que me había suscitado la obra, quizá porque estaba a meses de licenciarme en Filosofía y Letras, en la Universidad Santo Tomás de Aquino. Entre lectores, y conocidos furtivos, pudimos mencionar inquietudes literarias, personajes fallidos y aquellos que habían logrado salir de las páginas y ponerse en boca de quienes agradecían las historias, porque les ayudaron a recomponer sus vidas. Lo escuchado esa noche de tertulia, días después, me hizo reflexionar sobre el poder de las palabras y en la forma como éstas maniataban el corazón de los hombres, hasta hacerlos perder en la maraña de sus ambiciones. Pensé en cómo la imaginación sacudía la realidad para que el arte, con su serenidad, le devolviera los colores y movimientos; para que siguiéramos confiando en ella. Como conclusión de aquella noche de abril de 2014, escribí que los libros son puentes extensos y frágiles desde donde, sin temores, se pueden contemplar todos los abismos, incluyendo los más profundos; los propios.
El Ser aventurero, silencioso, y huidizo de mi amigo me llevó a releer los escasos correos electrónicos que nos habíamos escrito. Lo imaginé cruzando fronteras europeas, huyendo de soledades siempre inesperadas, pensando en volver a América para fortalecer sus raíces y buscando escenas entre sus libros que le devolvieran el sabor de su terruño. Releí capítulos del libro “Filosofía y extramuros”, extracté fragmentos que me sirvieran de puente mientras él estuviera en la ciudad y me dije que las ciudades, en su sabiduría, extractaban la mejor esencia de cada ser humano que las visitaba para ayudarle a encontrar el rumbo. Me dije que quizá él estaba destinado a reconstruir su historia desde lugares inhóspitos, donde despojarse de miedos lo fortalecería para volver a empezar.     
“La errancia exílica es una búsqueda de identidad en cuanto desplazamiento sin fin y sin centro, que hace de la distancia y la geografía un vagar incesante, al igual que el cuestionamiento que la acompaña. Una vez llegado adonde se quería, se vuelve a partir, porque adonde se llega siempre, no es nunca “el lugar”. Releí. A esto volvía Freddy a Medellín, a renovar su historia, a entrar en comunión con sus calles para que sus huellas las conservara el tiempo y pudiera regresar cada vez que necesitara reforzar los lazos con la ciudad.
El domingo 10 de septiembre a las 6:30 de la noche, mi amigo entró al auditorio, “El Colombiano Orquideorama”, acompañado de Lina María Pérez Gaviria y de Efrén Giraldo, quienes presentaban sus libros, publicados por la misma editorial. La conversación giró en torno a “El personaje del artista en la literatura: ¿identidades en cuestión?”. Cada pregunta hecha por la interlocutora hizo que los autores se acercaran a los rastros de animal preciado, y perseguido por la soledad, que deambulaban por sus obras. Los instó a que se hicieran visibles, a mostrarse desde el puente cálido y sensible en que se convertían los libros, cuando en éstos se graban las verdades que el corazón espera que otros conozcan. Identidades que los pueblos requieren para hacer de los transeúntes sus moradores perpetuos. Los escritores, a veces, respondieron con vaguedad, pero conscientes de que los pasos que daban eran los mismos que transitaban por sus libros.
Terminada la charla me acerqué a Freddy, le presenté a mi esposa y nos retiramos a tomar un refresco en la caseta que había al costado del auditorio. Conversamos de la organización de la Fiesta del Libro, de su regreso a Suiza. Nos despedimos. Yo debía madrugar a trabajar. Quedamos en contactarnos antes de él viajar a Bogotá, donde debía cumplir otros compromisos culturales.
En casa hojeé el libro de Freddy “Individuo Errante Falah Mengu,” que compré durante el evento. Observé la imagen gris de la carátula, el hombre de barro que apenas iniciaba la reconstrucción de su sombra, el peso del gabán que no dejaba dar pasos perfectos y el rostro que se perdía debajo del sombrero. Recordé el tema de la Fiesta del Libro “Identidades”, a Brasil, el país invitado y pensé que los libros tejen caminos que en muchas ocasiones sólo pueden transitar los corazones donde mora el bien, donde las puertas del espíritu permanecen abiertas. Me dije que las tragedias y sentimientos que guardan los cuentos y novelas no tienen otro fin que ayudarnos a esquivar distancias innecesarias y terrenos escarpados, y que nada fortalece más a las ciudades que revelar las cualidades de sus habitantes.
Freddy me llamó el jueves y concertamos la cita para el día siguiente. Insistió que quería visitar el centro de la ciudad. Confirmamos la hora, el sitio del encuentro, le recomendé tomar el Metro y bajarse en la estación Parque Berrío. Instantes después recordé otro de los apartes que había subrayado en “Filosofía y extramuros” y fui a leerlo, pues de cierta manera contradecía lo que mi amigo esperaba vivir al desplazarse por la ciudad: esperaba reconquistarla. “Contrariamente al callejeo o al paseo, la errancia no es nunca un placer. Es una obligación a la cual sucumbimos sin saber por qué, arrojados fuera de nosotros mismos. No conduce a ninguna parte. Ella es fracaso”, (Bernard Delvaille). Volví a recordar mi tesis de que los libros que cada autor escribe el tiempo los conserva como opciones de vida para hacer frente al olvido.
Freddy descendió por las escaleras de la estación con el morral ajustado al pecho. Acordamos caminar por Junín y visitar la repostería “Astor”, donde podríamos conversar con tranquilidad. Me contó que estaba hospedado en la casa de su editora en Colombia, en Sabaneta, que la pensión que disfrutaba le permitía dedicarse de tiempo completo a la literatura y que, cuando no lo ocupaba la creación, traducía sus libros, ya que había conseguido editor para el idioma francés. Allí pudimos charlar como dos anónimos que transitaban por los senderos inéditos que propiciaba el arte, la escritura, y que desde el mismo puente podíamos observar la infinidad de abismos que esperaban a nuestros personajes.
Terminamos de beber el jugo que habíamos pedido y salimos hacia el Parque de Bolívar, lugar donde anidaban algunos de sus recuerdos. No nos detuvimos a atender los ofrecimientos de los vendedores ambulantes ni estacionarios. Lo advertí de la otra ciudad que emergía después de las seis de la tarde, la Medellín que veía luces mientras navegaba en sombras. Nos paramos frente al monumento al Libertador, para contemplar la imponencia del caraqueño, rememorar sus tempranas, y justas, hazañas libertarias, pero el olor a marihuana nos hizo aligerar el paso. Las puertas de la Catedral Metropolitana estaban abiertas. Después de la alharaca que las sombras de los árboles esperaban apaciguar, nos aguardaba el silencio y el recogimiento. “Entramos”, dijo mi amigo. Entremos, respondí. Una procesión con la virgen se desplazaba por la nave izquierda del templo. Las oraciones se recubrían con incienso y se elevaban en ecos que todos parecían repetir. Rezaban el Santo rosario. “Hacía mucho tiempo no presenciaba una ceremonia religiosa”, dijo Freddy, después de tomar fotografías de aquellos momentos luminosos y solemnes. En el atrio no guardó la cámara, ya la cargaba con menos prevención. Tomó fotografías panorámicas del parque y volvimos a cruzarlo para volver al pasaje Junín.

Al llegar a la Playa decidimos visitar el parque de las esculturas. Junto a las obras del maestro Fernando Botero, Freddy se sintió en ambiente europeo. De nuevo la cámara giró en todas direcciones. Este fue el momento en que lo vi olvidarse del tiempo, miraba desprevenido los alrededores, que ahora le eran más familiares.
Acompañé a Freddy hasta la estación Parque Berrío. Antes de subir las escaleras quiso tomar una fotografía a la Gorda Botero, pero el hombre que estaba sentado en la base de la escultura, quizá avergonzado, se lo impidió. Nos despedimos y tomamos rumbos distintos, él hacia el sur y yo hacia la estación Caribe.         
Algunos encuentros hacen que veamos las ciudades desde otros ángulos, que descubramos en ellas alientos de vida que para la mayoría de transeúntes son imperceptibles, pasan como el viento. La belleza sucumbe fácilmente ante el barullo y el afán por la supervivencia. Sus calles y avenidas no son más que senderos cotidianos que acortan el regreso a casa, pero nos distancian de la historia, de los instantes que aquella quiere que compartamos juntos. La cámara de Freddy captó instantes donde espera reacomodar sus recuerdos y así sellar acuerdos que cada hombre pacta con los pueblos que le permiten contemplar lo más profundo de su espíritu. El artista, como el buen arquitecto, le interesa el conjunto, la impresión que deja su obra en el alma de quien se detiene a observarla. Las piezas fotográficas que mi amigo pudo recuperar, guiado por los recuerdos, son prueba fehaciente de que las ciudades tienen memoria, que en su espíritu mora la historia escrita en compañía y que conservar la identidad se hace fácil cuando en ellas permitimos que fluya la vida, el arte; ese puente invisible y perfecto para el que no existe el tiempo ni las distancias. Nuestro puente, los libros, por los cuales cruzamos ciudades y afrontamos sus abismos, nos hicieron entender que el exilio, como el arte, sitúa al hombre al otro extremo del mundo para mantenerlo en constante reconquista de sí mismo, de su espíritu.    
                                                                                                                                            Fin.

domingo, 1 de octubre de 2017

Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio


901
El pez que conoce los anzuelos sabe dónde abre la boca.

902
El amor es un jardín a la vera del camino, este deja ver las flores a todos los caminantes, pero a pocos sus raíces.

903
Una de las mayores virtudes de un maestro, además de saber transmitir conocimientos, es estar siempre dispuesto a aprender de sus discípulos.

904
La humildad es tan natural que acompaña al hombre bueno hasta los más bajos fondos de la condición humana.

905
Cuando a lado y lado se baten locamente los remos nos olvidamos de la barca y de lo vasto que es el océano.

906
No busco las frases. Cae una gota de agua, esta gota trae un mensaje y yo lo leo; no es más.

907
Se es rico si se sabe administrar lo poco que se tiene.

908
La búsqueda afanada del tiempo enturbia la mirada, es por esto que no encontramos fácil los caminos de la infancia.

909
La belleza surge cuando las imágenes se cruzan con el tiempo y éstas no pierden su brillo.

910
Si quieres llevar una obra de arte a tu casa con sus colores, formas y signos, lo primero que debes hacer es valorarla con el corazón.

911
El alma de un hombre noble es como esas nubes que cruzan sólo para confirmar la transparencia del firmamento.

912
La paz se fortalece cuando hablar de los desfavorecidos se entiende como la búsqueda del bienestar de todos.

913
Las palabras mientras las rodea el silencio son tesoros y en ellas prefieren viajar los pensamientos.

914
Cuando el hombre se aleja de la verdad pierde la posibilidad de encontrar su propia sombra.

915
Barca ni remos garantizan la llegada a la otra orilla. El secreto de todo viaje está en conocer la noche y descubrir a tiempo por dónde despunta el día.

916
Un buen final desenmascara un mal comienzo. Lo que viene tiene que llegar, puede ser tarde; pero llega.

917
El silencio es un lago efímero y transparente por donde sólo cruzan pensamientos nobles.

918
El agua que desciende sin afán la alta montaña es la que mejor disfruta el paso por la llanura.

919
Para el que lee todas las puertas estarán abiertas, porque ningún obstáculo detiene el poder de la palabra escrita.

920
Si das un paso al costado para permitir que tu enemigo siga tendrás asegurado el final del camino.

921
Quien va detrás pocas veces reconoce que la sombra que recibe la proyecta el que va delante.

922
Si golpeas el semblante de algún dios procura que no te vea cuando escondes la mano.

923
Todas las heridas duelen, pero ninguna como aquélla que debajo de la piel esconde el amor.

924
Examinar la vida propia es multiplicar la luz interior para no perder de vista las sombras acumuladas al final del túnel.

925
Al enseñar a otro a pensar le pones el pie en las primeras escalas que conduce a la sabiduría.

926
Las sombras del pasado no paran de crecer y perseguirte, sin embargo no alcanzan a oscurecer la luz de tu siguiente paso.

927
Si entendiéramos por qué llevamos dentro las mejores medicinas mantendríamos iluminado nuestro interior.

928
El honor que se alcanza cuando en la competencia se ha dado lo mejor de sí, por lo general, nos ahorra el paso por la meta.

929
Mientras más justo es el hombre más baja le queda la cuerda de la justicia que tiene que saltar.

930
La sabiduría no es saber decir las palabras sino asegurarnos de que vuelvan convertidas en imágenes.

931
Fácil vuelve al cauce el río que momentáneamente se desborda.

932
El perdón es el puente amplio y reforzado por el que regresa el que ha sido acusado injustamente.

933
No se hace eterna la espera del alba cuando no se ha sabido comenzar la noche.

934
Si pasas una página y sigues escuchando el aleteo rezagado de las palabras es porque se rompió el hechizo.

935
Cuando el ánimo es ajeno a la aflicción vivir hace ágil el viaje y liviano el equipaje.

936
Si logras ver la frágil sombra que proyecta el presente habrás descubierto la primera escala secreta del futuro.

937
Si no observas la naturaleza no podrás ver tu imagen detrás del espejo.

938
Quien piensa se convierte en corriente. Tirad el anzuelo y te aseguro que no saldrá vacío si decides sacarlo del agua.

939
Sin la libertad como camino es imposible contemplar en su plenitud el horizonte.

940
No creerse más ni menos que los demás es paso fundamental para empezar a igualarse a sí mismo.

941
Entre cien opciones una es para el mal y la tomamos. Para resarcir el daño hecho no nos alcanzan las noventa y nueve opciones restantes.

942
Nada agiganta más el fantasma de la guerra que recordar la vuelta a casa después de acabada la última batalla.
   
943
No pierdas el horizonte y el sol no dejará que tus huellas se ahoguen en la oscuridad.

944
Un libro es un largo e incierto camino. La página es un mirador desde donde puedes ver las sombras finales de la travesía.

945 
El silencio hace ver más extenso el camino, pero da más firmeza a tus pasos.

946
La búsqueda desmedida de la grandeza hace que veamos a los demás como pequeños habitantes de nuestra sombra.

947
La vida, al final, será como esa playa olvidada y desierta que sólo estará colmada de regresos.

948
Los años son lugares del tiempo donde puedes detenerte y observar cómo han cambiado los colores del horizonte.

949
Nos mecemos como olas, tenemos la posibilidad de acampar en la playa y preferimos regresar a altamar sin saber lo que ocurre en las profundidades.

950
Quien cree encontrar seguridad en las cosas materiales vive como el que busca refugio en las sombras pasajeras.


lunes, 19 de junio de 2017

Frases que ayudan a vivir y a mantenerse en constante cambio

851
Nada hace más libre al ser humano que poder expresar las conquistas que no le pudo ocultar la adversidad.

852
Siempre sentirá pobreza quien no alcanza a valorar en la justa medida lo que recibe.

853
La vida florece en el vacío que separa las dos eternidades para decirnos que solo el asombro nos permitirá contemplar todo el universo.

854
Lo imposible se logra aprendiendo de lo que se hace fácil y empleándose al máximo para alcanzar lo difícil.

855
La pobreza es como las sombras de la tarde que mientras más las queremos dejar atrás más se adelantan.

856
El espíritu que ante la ofensa mantiene la serenidad profunda del lago, como este pronto sentirá reflejado el firmamento en su superficie.

857
Leer es abrir las ventanas secretas del arte que oxigenan el espíritu. Lee y tendrás disponibles todos los caminos para esquivar el tedio y la soledad.

858
Un pensamiento es una hoja seca que tumba el viento para proteger la huella del caminante.

859
Quien hace todo con amor será amado por todo lo que deja.

860
Piensa en el poder de tu mirada, cierra los ojos cuando el sol se oculte y en instantes encenderás millones de estrellas que volverán a encenderlo.

 861
Si haces de cada pregunta una luz que abra horizontes jamás perderás el amor por el conocimiento ni el camino que conduce a la iluminación.

862
Lo más nocivo de la cizaña es que no se siembra en la piel sino en el corazón, donde la ayudan a germinar el silencio y la indiferencia.

863
La adversidad esconde su dureza detrás de la esperanza, ésta siempre nos permite levantar el rostro para buscar su luz.

864
Con un paso te haces a un costado; para huir no basta con darle una vuelta al planeta.

865
Cuando debemos responder por las cosas que se poseen sin ser propias el garante no es la vida sino el honor.

866
Si la sombra que cubre tu casa te sorprende con los misterios de la noche, pregúntate por aquellos que te reveló la radiante luz del día.

867
Bosquejar con pensamientos la ruta para hallar la luz es invitar a observar el universo desde lo más profundo del ser.

868
Fácil crecen cizaña y maleza sobre las huellas que deja el malvado.

869
Corazón de mujer: roca en la playa que detiene y seca las lágrimas que llegan de altamar.

870
No te incomodes si te encuentras con alguien que camina inmerso en la pantalla de su celular, quizá siga la guía que lo habrá de regresar a casa.

871
Si llega la muerte que tu barca esté anclada en playa lejana, con remos roídos de afrontar vientos huracanados y corrientes de todas las temperaturas.

872
La paz que se logra reprimiendo a los muchos buenos equivale a intentar incrementar las sombras cortando las ramas a los árboles frondosos.

873
El artista que permite que una acción denigrante detenga su creatividad traiciona su espíritu.

874
Los únicos lobos solitarios que necesita el mundo son los librepensadores.

875
No basta con llegar a la orilla del río para escuchar el rumor de su corriente, el secreto mayor está en saber pasarlo a nado.

876
Si el mundo se revelara de igual manera dos veces a la misma persona las sombras se mantendrían en fuga.

877
Nada sostiene y da más sentido a la vida que aquello que sin revelar su procedencia la inquieta y provoca.

    878     
La sabiduría es como esa luz que alumbra una casa de campo que no todos los caminantes alcanzan a ver.

879
Recuerdo: espacio donde mora el ausente; ronda obligada de la memoria.

880
Hombre: vasija deformable donde más teme morar el silencio.

881
Quedarnos en silencio no siempre es ignorancia. Siempre será ignorancia creer que todo silencio lo genera el desconocimiento.

882
El querer tener siempre esclaviza, el compartir libera.

883
Si supiéramos cuánto se debe arrastrar el fracaso no osaríamos tomar la vida como una competencia.

884
El éxito es como las escaleras de espiral, al que las sube siempre le corresponde el lado más angosto del peldaño.

885
Si piensas en el valor de los tesoros que posees los perderás todos, pero si piensas en su belleza los conservarás para siempre.

886
Acompañar a otro a reconocer lo que ya posee es quizá la mayor de las libertades que se le puede enseñar al ser humano.

887
La gloria deja de serlo cuando oscurece las luces que antes veíamos de lejos y sin mucho esfuerzo.

888
La historia tiene predilección por aquellos seres que prefieren adelantar el final de su destino para permitirle a otros encontrar el propio.

889
Si pintas tu vida con los colores que siempre quisieras ver en el horizonte los viajes que emprendas hacia él serán más llamativos y apacibles.

890
Es en el arte donde todos los caminos confluyen para conectar los buenos espíritus, porque son estos los únicos que pueden escudarse en la belleza.

891
Al comienzo fue mamá quien te llevó de la mano, hoy son las manos del amor las que te guían. Ella no dejará de seguirte, aunque lo impidan las sombras de la tarde.

892
Aquel que cruza el río de aguas turbulentas está en capacidad de descifrar el suave temblor de las plantas que se atreven a crecer en sus orillas.

893
Solo teme a la transparencia del firmamento aquel que no ha descubierto la oscuridad que crece en su interior.

894
Son dignos de admirar aquellos sitios y momentos donde la vida se manifiesta en todo su esplendor.

895
En los libros se esconden destellos irrepetibles que todos podemos avistar, solo basta que emprendamos su lectura.

896
Quien recibe un libro acoge un ave que lleva días enteros buscando calor humano para seguir construyendo su nido.

897
No encuentro lámpara más poderosa que la página de un libro que quiere auscultar nuestra intimidad.

898
Si dejas que las páginas de un libro se conviertan en prominentes dunas, tu interior jamás será un quieto y árido desierto.

899
Las páginas de un libro son como las hojas de un árbol frondoso, siempre están dispuestas a darte sombra.

900

Si sales al encuentro de los sonidos que trae el viento y descubres su melodía, estás en capacidad de comprender los detalles íntimos de tu naturaleza.