lunes, 16 de marzo de 2020

El Color de la Madrugada, novela


SOBRE LA NOVELA EL COLOR DE LA MADRUGADA,
DE RENÉ JARAMILLO VALDÉS

Una novela en la cual un adulto habla por la boca de un niño y narra la historia de su familia en un “periplo” de tiempo que en la novela transcurre sin cronología, pero que es muy entendible al lector. Es un lento recorrido desde la niñez hasta la edad adulta, a través de caminos de falencia, de angustia, de temor y en algunas ocasiones de desesperanza, dada la época en que se desarrolla la historia, cuando aún las heridas de la violencia fomentada por los partidos políticos, no había sanado y apenas empezaba el ensayo del Frente Nacional.
Llama la atención la forma como el escritor, René Jaramillo Valdés, a través de su personaje describe la incesante lucha por la subsistencia, precaria en lo físico, pero sin decaer en la lucha y sin perder en ningún momento la ilusión de un futuro mejor.
Las lágrimas son un común denominador en todo el trámite de la narración y son conmovedoras, porque son las mujeres y especialmente la madre, quien más las derrama.
Para resaltar como lo básico y que merece la atención del lector, los sueños de un hombre que lucha por unos ideales que él llama libertad, incomprendidos para muchos que se convierten en sus opositores, pero apoyado por su círculo familiar más íntimo, -madre, suegra, esposa e hijos, que nunca desfallecen y están a su lado sin ninguna reserva y lo más conmovedor es que de ninguno de ellos escucha una crítica por la forma como dilapida su fortuna y su tiempo, en busca de un objetivo, que nadie le agradece.
Ese largo camino hacia la libertad, marca su destino y el del resto de la familia y se convierte en una carga demasiado pesada para llevar en los hombros y que al final significa tener que abandonar el lugar que lo había visto nacer, arrastrando con él a su sufrida esposa y a toda su descendencia.
Los términos coloquiales que se utilizan en toda la novela, ayudan a recordar esas palabras campesinas que lentamente se han evaporado del idioma y han sido sustituidas por otras palabras cuyo significado pueden decir lo mismo, pero que sin duda no tienen el mismo sabor. Esas palabras y algunas de las escenas narradas, me hicieron volver a la época de mi juventud cuando corretear por el campo, era un lujo al que no le “parábamos bolas”.
La novela no tiene ratos felices, todos los episodios y anécdotas transmiten la lucha incesante de los seres humanos cuyas vivencias existenciales, de una u otra forma enfocan más la lucha por lograr una subsistencia digna, que la satisfacción de haberla logrado.
Donde es más notorio este aspecto es cuando la familia se traslada a vivir a la ciudad de Medellín, en un ambiente que para un pueblerino siempre será hostil y es porque las preocupaciones aumentan, ya no se trata solamente de subsistir, de pagar un arriendo, de mercar, en fin, de tener lo básico, son muchas cosas: es perder la identidad y convertirse en un desconocido para la mayoría de las personas, es la inseguridad y es la ingratitud marcada de las personas que antes te necesitaban, como el caso de los políticos narrados por el escritor.
Los personajes individualmente tienen comportamientos disímiles, las hermanas siempre dispuestas a ayudar a la familia, pese a que desde muy temprana edad buscan destetarse del hogar buscando el camino más incierto, el del matrimonio.
La persona que se roba la atención en la última parte de la novela es “Pacho”, cuyo comportamiento en la narración, cambia de protector a destructor. Después de extenderle la mano a Luis, su padre, para que consiguiera sin dificultades el sustento de la familia, se convierte en una pesadilla para los suyos por la forma de beber y despilfarrar el capital del negocio.
En mi caso como lector me quedé con las ganas de saber si algún día dejó de beber.
Tal vez indirectamente René Jaramillo Valdés, cuando escribió esta novela, mostrando las peripecias y angustias de “su familia” durante casi veinte años y esa evocación que se transluce en sentimiento de amor y gratitud hacia un padre y una madre, que en el contexto como lo conocemos, no eran importantes fuera de su entorno familiar, pero que sí estaban sembrados con unas raíces profundas e inamovibles en el corazón de sus hijos, que los amaban con toda la fuerza de la sangre, que es el activo más importante que puede tener una familia, lo que buscaba era escribir la historia de miles de familias anónimas que por avatares de la vida tuvieron que emprender el mismo camino de los protagonistas del “Color de la Madrugada”.
Así lo siento, porque ese también fue el caso de mi familia.

FERNANDO SERNA ESCOBAR
TALLER PLUMA CHAMÍ

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